miércoles, 1 de junio de 2016

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           ¿Aún no has saciado tu morbo y tu curiosidad?, ¿quieres conocer más? Veo que no ha servido de nada advertirte, ni tampoco mostrarte un poco de mi demencia, y las atrocidades que me ha llevado a cometer. Tú quieres conocer más, deseas descubrir todos los horrores que he ido sembrando a mi paso a lo largo de mi vida. Necesitas saberlo, ya te he mostrado lo que hice con catorce años, y sigues avanzando en la lectura. Te he dicho, que repetí la escena con cuatro parejas más y con siete prostitutas, quizás estás pensando que esos fueron mis siguientes asesinatos, pero no, no soy tan tonto, no me gusta ir dejando cabos sueltos, por eso dejé transcurrir bastante tiempo entre ellos, en ocasiones incluso años. Entre tanto iba empezando nuevas obras, no podía dejar pasar mucho tiempo, estaba impaciente por segar otra alma. Tantas eran las ganas que tenia, que esa misma noche volví a salir. No habían pasado ni veinticuatro horas.
          La guardia civil estaba muy entretenida por la zona del monte, investigando el crimen pasional. Asique esa noche me fui en la otra dirección. Como siempre, recorrí unos quince kilómetros, alejándome de mi casa, y fui a parar en un pueblo con numerosas tierras de cultivo, dedicadas sobre todo al maíz. Efectivamente era mi noche de suerte, pues esa noche les tocaba regar. No sé si sabes cómo se regaban en los noventa las tierras de maíz, pero el labrador tenía que meterse en la tierra constantemente para ir arreglando los surcos, para que el agua fluyera por toda la finca. Había tres agricultores regando en poco más de tres kilómetros de camino de concentración.
            Escondí mi bicicleta, saqué el cuchillo de la mochila, y me interné sigilosamente entre las plantas, que ya eran lo suficientemente altas como para ocultarme por completo. Necesitaba no ser visto, y no hacer ningún ruido, para no llamar la atención, y poder culminar con el macabro plan. Tendría que actuar rápidamente, sin entretenerme con torturas, al fin y al cavo eso solo lo hago por placer, lo único que yo necesitaba de ellos era su vida, su alma. Caminé lenta y sigilosamente entre los surcos, evitando mover ninguna planta bruscamente, internándome hacia el centro de la finca, no tenía prisa, tenía toda la noche por delante. Pero no duré demasiado en dar con la posición del confiado agricultor, era como si tuviera un chip localizador, o como si yo pudiera olfatearlo, como un animal olfatea su presa. Allí estaba, con la azada, formando un surco, llevaba una de esas linternas que van sujetas a la cabeza, tranquilamente, sin distracciones, ignorando mi presencia, y lo que estaba a punto de sucederle. Su vida pronto dejaría de ser una estúpida forma de pasar el tiempo sobre este planeta, para convertirse en algo con más importancia, en la tercera de las almas a mi cargo.
         Me agaché para coger una piedra, y la tiré todo lo lejos que pude por encima de él, que estaba de espaldas a mí. - ¿Quién anda ahí?- preguntó, incorporándose, para tratar de ver de donde procedía el ruido. Al no recibir respuesta, y no ver movimiento alguno, debió pensar que no era nada, y continuó con sus labores. Entonces me agaché por segunda vez, para recoger otra piedra, y volví a lanzarla en la misma dirección. El hombre volvió a incorporarse, y estiraba su cuello, tratando de ver por encima de las plantas. Estaba confuso, parecía intuir que estaba siendo vigilado, y miraba en todas las direcciones, pero al no escuchar nada, siguió con la azada. En el mismo momento en el que agachó la cabeza, yo aproveché el momento, para abalanzarme sobre él, como un lobo se abalanzaría sobre un cordero indefenso, y antes de que pudiera darse cuenta, ya le había rebanado el cuello, con aquel viejo cuchillo. La sangre salía a borbotones de la herida, mientras soltaba el aire por la misma al intentar gritar. También quiso pelear por su vida, mientras yo le sujetaba entre mis brazos, pero ya era demasiado tarde para él; pude notar el momento en el que se daba cuenta de que ya no quedaba tiempo en este mundo para él, el momento en el que entendía que el diablo había secuestrado su alma, para reclutarla en el ejercito de los condenados, de la mano de un demonio con cara de niño. Pude verlo en sus ojos, mientras la última chispa de luz dejaba de brillar en sus pupilas. Estaba pletórico, no podía parar. Dejé aquel cuerpo sin vida allí, en el mismo lugar en el que se la había arrebatado, y salí de la finca en busca de mi siguiente víctima.
          Estaba a más de un kilometro de allí, lo que me llevo unos diez minutos a pie, pero diez minutos que me cundieron mucho menos, gracias a la tremenda énfasis y excitación que sentía al pensar en mi siguiente víctima. Esas dos fincas eran enormes, pero compartían el mismo camino de concentración, y las compuertas de las canaletas estaban muy próximas, entre sí. Yo ya había maquinado mi nuevo plan. Bajé una de las compuertas al azar y me escondí entre los maizales de esa misma tierra a esperar. El labrador, pronto se percató de que no llegaba agua, y salió de la tierra para ver qué era lo que sucedía. Podría haberle arrebatado la vida en ese mismo momento, ya que pasó a escasos metros de mí, pero el morbo me hizo esperar para degustar un poco más mi obra. Al ver la compuerta bajada, aquel hombre se puso furioso, y se dirigió a la tierra de al lado gritando:
           -  ¡Rogelio!, ¡Rogelio! –
           - ¿Qué quieres? – Otra voz procedente de aquella tierra le contestaba.
           - ¿se puede saber porqué me has bajado la compuerta? – Le gritaba muy enfadado.
           - ¿Y a mí que me cuentas?, yo no la he bajado…- Le respondía aquel hombre, mientras salía de la finca. Yo eché una carrera de varios metros, haciendo el mayor ruido posible, para atraer su atención, y hacer que fueran hacia él.
          - ¿Has escuchado eso? Ahí  hay algo…- le dijo señalando a mi posición.
           -¿Quién anda ahí?- gritó aquel hombre. -¡Vamos!, sal, ya está bien la bromita…- Aquel hombre empezaba a ponerse muy nervioso, había algo en el ambiente que no terminaba de convencerle, quizás podía presenciar una ente demoniaca a su alrededor; hay gente que puede, pero no suelen ser conscientes de ello.
         -¡Tranquilízate Manolo! Seguro que solo es un jabalí.- intentaba tranquilizarle.
         -Ya claro, porque ahora los jabalís se dedican a bajar las compuertas, ¿no?- ironizaba Manolo, que con la azada a hombro se acercaba cauteloso, hacia la zona donde había escuchado los ruidos, hacia mi posición.
          Yo estaba agachado, bien oculto entre los surcos, completamente quieto, esperando mi momento, con el cuchillo empuñado fuertemente; él, iba dirigiéndose hacia mí, sin saberlo, con su arma en posición de ataque, para, en el momento en el que viera algo, golpear rápidamente, y aunque podía ver frente a él a la perfección con aquella ridícula linterna que llevaba enganchada a la frente, no le dio tiempo, cuando estaba tan cerca de mí, que con solo girar la cabeza podría verme, me abalancé sobre él de un gran salto justo antes de que llegara a enfocarme, asestándole una puñalada en la gorja, hacia arriba, con tanta fuerza, que se le abrió la boca por inercia. El chillido no fue muy alto debido a que el metal atravesaba su garganta y su boca, pero si lo suficiente como para que Rogelio lo escuchara, y a toda prisa se dirigiera hacia allí. Deje el cuerpo, todavía con vida, en el suelo, mientras se desangraba entre convulsiones y espasmos, y me moví sigilosamente.
          - ¡Manolo!, ¡Manolo!, ¿estás bien?- Gritaba mientras corría hacia la escena del crimen. - ¨Si es una broma te advierto que no tiene gracia…- replicaba mientras entraba en la tierra de su amigo. Caminó varios metros, hasta que vio un lugar con muchas plantas rotas, y hacia allí se dirigió.
- ¿Pero qué coño es esto?, ¿qué está pasando?- Balbuceó entre susurros, mientras empezó a retroceder aterrorizado por la espeluznante imagen percibida. Supongo que cuando llegó allí su amigo ya estaría muerto del todo, porque ni siquiera intentó socorrerle. Salió al camino, y corrió hacia el coche. La puerta estaba abierta, por eso pudo subir más rápidamente, pero cuando fue a dar al contacto se dio cuenta de que las llaves no estaban puestas. Instintivamente se echó mano a los bolsillos, pero estoy seguro de que en el fondo ya sabía lo que sucedía, sabia de sobra que las llaves las había dejado puestas, y que yo, como en las pelis, estaría en el sillón de atrás, porque antes de tocar el bolsillo, y antes de que yo le dijera nada, ya miró por el espejo retrovisor. Sus ojos se quedaron clavados al reflejo de los míos, sin moverse ni un ápice, sin pestañear, parecía que ni siquiera respirara, estaba en estado de shock ante la terrorífica situación que estaba a punto de enfrentarse.
          Yo llevaba puesta la capucha del chubasquero, en mi primera experiencia no lo había llevado y me había puesto perdido, supongo que ese aspecto, un niño con un cuchillo más grande que su brazo, y con un chubasquero lleno de sangre de mis dos anteriores victimas, le producía todavía más pánico a aquel hombre.
            – ¿No pensarías marcharte sin despedirte?- le dije satíricamente, mientras apoyaba el frio metal del cuchillo, todavía manchado de sangre en su cuello.
           - ¿Qué quieres de mí?, aquí no tengo nada para darte…- Decía medio suplicando por su vida con la voz entrecortada por el miedo.
           - No quiero nada material…solo me interesa tu alma…-  Le dije sin andarme con rodeos, lo cierto es que nunca me ha gustado mentir. Ya sé que piensas que estoy mintiendo al decir eso, ya que mi vida se basaba en una gran mentira, sin ni siquiera reconocer mis crímenes, pero yo no engañaba por gusto, yo mentía por necesidad que es diferente. El caso, que me desvió del tema: Rogelio comprendió, al escuchar mis palabras que había llegado su final, porque ni si quiera intentó luchar. Y eso que le di tiempo a reaccionar, antes de cortarle los tendones de su axila izquierda para inmovilizarle el brazo, también pudo haberse resistido un poco antes de que le hiciera lo mismo en el homónimo, pero no hizo nada, solamente gritar del dolor, me lo estaba poniendo en bandeja. Era mi oportunidad de llevar a cabo una tortura, de producir tanto dolor que mi victima me suplicara que lo matara rápido, que acabara con todo de una vez…
          Fue una tortura muy sádica y sangrienta. Primero pasé al asiento del copiloto,  y después recosté su asiento hacia atrás, saqué de mi mochila las tenazas, y comencé a cortar con ellas, falange a falange todos los dedos de su mano, completamente inmóviles a causa de las heridas en ambos sobacos. Al principio suplicaba, lloraba como una nena rogándome que no lo hiciera. Pero al contemplar mi macabra sonrisa oculta tras de aquel chubasquero, y al ver que no me detenía, se resignó, y se dio por vencido dejándose de súplicas, y centrándose en los gritos y alaridos ocasionados por ese enorme dolor. Cuando hube amputado las veintiocho falanges, le agarré fuertemente la mandíbula obligándole a abrir la boca para agarrarle la lengua con la tenaza y cortársela con el cuchillo, luego le introduje todos los miembros amputados, por la boca, apelmazándoselos en la garganta, para que muriera asfixiado. Luego le hice dos cortes en las ingles, para asegurarme de que se desangrara, y antes de marcharme, me lavé las manos y la cara en la canaleta, luego el chubasquero, y me fui, como si nada hubiera sucedido, a mi casa, donde nadie se había enterado que me había marchado


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